n el momento culminante del evento, era  imposible dejar de sentirse contagiado por el espíritu alegre y desenfadado que reinaba en el recinto entero. Y no lo decimos necesariamente por la música que se escuchaba, sino porque, estando incluso en la zona asignada para fotógrafos que se nos asignó, las nubes de marihuana eran tan grandes y tan frecuentes que se inhalaban parcialmente cada vez que uno respiraba.

Pero no había que extrañarse de eso, porque estábamos en medio del Smoke Me Out y Los Reyes del Corrido, un exitoso festival de un día que se llevó a cabo el sábado pasado en el estacionamiento del Queen Mary de Long Beach, y cuyo nombre mismo (algo así como “Supérame fumando”) se refiere a una sustancia que, por si no lo saben, es ya completamente legal en este estado.

  Además, el concierto reunió a varios exponentes de esa vertiente del género regional mexicano que habla de las vivencias de los narcotraficantes y que ensalza muchas veces  el consumo de distintas drogas, lo que se hizo más evidente que nunca durante el segmento principal al que nos referimos en el primer párrafo, que reunió a los artistas firmados por la compañía Smoke Me Out (S.M.O.) y que tuvo como punto central a Legado 7, un grupo de Santa Ana, California, que se ha hecho conocido por sus composiciones a favor de la hierba, aunque alude también a productos más ‘pesados’ e ilegales.

A diferencia de quienes los antecedieron, que cantaron sobre el tema pero fueron mucho más discretos en el consumo, los integrantes de Legado 7 -cuyo acto fue antecedido por un video que se iniciaba con un tipo que fumaba un ‘bong’- sacaron a relucir desde el inicio un ‘churro’ inmenso que parecía provenir de una comedia de Cheech y Chong y lo pasaron no solo entre ellos, sino también entre los invitados que tuvieron en su set, quienes habían estado antes de manera breve por manera propia en el mismo entarimado y que respondían a los nombres de Fuerza Régida, Los Hermanos García y El De La Guitarra.

“¿Algo que quemar con toda la raza bonita?”, preguntó el cantante Alexander Guerra antes de que le entregaran el descomunal cigarrillo, que se convirtió en fuente de inspiración para la interpretación de canciones como  “Radicamos en South Central”, “18 libras” y “El chinito”, secundadas todas por un estilo norteño distintivo en el que destacaba el sonido de una guitarra electroacústica con ‘wah wah’, ese pedal de efectos que se usa normalmente en el rock psicodélico.

El segmento entero con todos estos artistas se produjo cuando dejó de brillar el sol y tuvo como fondo una elaborada escenografía que simulaba ser la fachada de un edificio señalada con el número ‘420’, que se refiere específicamente al uso del cannabis. En el plano pintoresco, llamó la atención lo que hizo El De La Guitarra, un artista nuevo que ha venido causando sensación y que aparece públicamente con un antifaz mientras presenta un estilo sierreño de guitarras sin percusión alguna, mientras entona letras desafiantes como la de “El Monstro 7” [sic] (“Me gusta fumar/para relajar/un churro de mota/con algo de ‘wax’”).

 También llamó la atención la actitud de Arsenal Efectivo, que hace canciones semejantes pero tiene una actitud más ‘gangsta”, graficada en las palabras de su vocalista Francisco Rodríguez, quien habló muchas veces en inglés (algo que no hizo nadie más) e insultó a los agentes del FBI que la advirtieron supuestamente que no podía pasarle los cigarrillos “especiales” a los asistentes  para que los compartieran con él. “F… the feds!”, gritó Rodríguez antes de arremeter con su popular sencillo “Vida peligrosa” (“preferí la vida peligrosa/entré desde joven/ganando dinero, poder y respeto/seguiré chambeando hasta ser jefe”).

Sin embargo, si de calidad musical se trata, habría que quedarse con Régulo Caro, oriundo de Ciudad Obregón, quien apareció en escena en horas de la tarde con formatos norteños y de banda para ofrecer una llamativa combinación de estilos y brindarnos letras que no se centraban siempre en la controvertida temática o que ofrecían una variante creativa, como fue el caso de “En estos días”, una impactante balada protagonizada por un tipo metido en la cárcel que habla de manera inusualmente reflexiva sobre las consecuencias de tener una vida fuera de la ley.

 Caro, que empleó un curioso pie de micrófono en forma de esqueleto y que canta muy bien para los estándares del género, tiene también la ventaja de ser joven y de lucir como una estrella de rock, lo que acentúa sin duda su atractivo ante los ojos de la juventud. En cierto momento, señaló un edificio más o menos cercano (hay que recordar que esto se hizo al aire libre) y comentó” “Ahí está mi casa; pueden ir cuando quieran ‘pistear’”, lo que quiere decir obviamente que vive en Long Beach.

Tampoco decepcionó Enigma Norteño, de Culiacán, Sinaloa, que sí se enfocó en la temática de las drogas, pero haciéndolo con un sonido compacto y poderoso de tintes progresivos que no tienen, por ejemplo, los de Legado 7, quienes son mucho más ‘desmadrosos’ en todo sentido. Enigma se fue directamente a las alusiones a narcotraficantes de peso con “Los lujos del R”, “El Sr. Mayo Zambada”, “Chavo Félix” y “El Mayito gordo”, dejándole únicamente un espacio a los azares del corazón a través de la interpretación de “Amor de 4 paredes”.

 Los arreglos musicales elaborados y complejos destacaron también durante la presentación de Roberto Tapia, que era probablemente el artista más popular del festival y que decidió igualmente  recurrir a una banda de tipo sinaloense (en la que vimos a la única mujer instrumentista de la velada, encargada del clarinete). El nativo de San Diego, California, hizo un ingreso espectacular al iniciar su parte parado en la zona asignada a la consola de sonido que  se hallaba en medio de la audiencia y trasladarse desde ahí hasta las tablas.

En realidad, Tapia, que fue el único que se dirigió al público con el término en español de “Playa Larga”, se ha hecho mucho más conocido por sus piezas románticas que por las de cuestiones ilegales, por lo que no extrañó que interpretara cortes como “Vale la pena”, “No fue fácil”, “Si no me querías” y “Las edades”, que ha causado cierta controversia por referirse a una muchacha muy joven.  Pero tampoco faltaron por ahí “La charla” y “El hijo de la tuna”, dedicadas ambas a “El Chapo” Guzmán.

 Pese a que la orientación del evento llevaba a imaginar que las cosas podían salirse de control en cualquier momento dentro de un recinto que se ha empleado normalmente para otra clase de audiencias, no notamos peleas ni desórdenes mayores por ningún lado entre el público que llenó casi por completo las instalaciones disponibles.

Vimos solo a un tipo en claro estado de ebriedad que era expulsado del ‘backstage’ sin ofrecer demasiada resistencia, así como a un hombre apacible que fue sacado de la zona de fotógrafos mientras regalaba rosas a diestra y siniestra. En ese sentido, Smoke Me Out pasó la prueba de fuego, con todo el doble sentido que quieran aplicarle a la expresión