Cientos de voluntarios, bomberos, policías y militares siguen retirando escombros y cavando túneles luchando contra el tiempo para tratar de rescatar a quien pudiera quedar aún atrapado bajo las ruinas de los edificios derribados por el terremoto de magnitud 7,1 que hizo temblar ayer la Ciudad de México y cinco estados del centro del país.

Con las manos desnudas en muchos casos, con la ayuda de perros entrenados y en completo silencio para escuchar los gritos de auxilio, cientos de personas colaboran en las tareas de rescate.

Pedro Serrano, un doctor de 29 años, logró arrastrarse hasta una clase hundida dentro del colegio Enrique Rébsamen, en el que al menos 25 niños quedaron atrapados bajo los escombros. “Cavamos un hoyo, y luego reptamos sobre nuestra barriga”, ha explicado. “Logramos entrar en el aula derrumba, y vimos algunas mesas y sillas de madera. Lo siguiente que vimos fue una pierna, y luego, al mover escombros, encontramos a una niña y a dos adultos, un hombre y una mujer”, añade.

Preguntado sobre si espera encontrar a alguien con vida, devuelve la mirada agotada. Pero siguen intentándolo, pese al peligro. “Podemos escuchar ruidos débiles, pero no sabemos si vienen de arriba o de abajo, de las paredes [derrumbadas] o de alguien que pide ayuda”, concluye Serrano.

El Gobierno de Israel ha enviado a México a un equipo militar de rescate de 70 personas para ayudar en estas tareas de salvamento. El Papa ha dirigido una plegaria en la plaza de San Pedro, en El Vaticano, para reconfortar a los mexicanos “en este momento de dolor”.

 El coordinador nacional de Protección Civil, Luis Felipe Puente, ha cifrado esta mañana en 217 las víctimas confirmadas del sismo: 86 en Ciudad de México, 71 en Morelos, 43 en Puebla, 12 en el estado de México, cuatro en Guerrero y uno en Oaxaca.

El sismo de magnitud 7,1 tuvo su epicentro a 4,5 millas al sureste de Izúcar de Matamoros, en el estado de Puebla, según registró el servicio geológico estadounidense.