El Super Bowl LX, visto por más de 127 millones de espectadores, volvió a demostrar su impacto más allá del deporte. El espectáculo de medio tiempo, protagonizado por Bad Bunny, generó conversación global, particularmente por el contexto político que rodea al artista, quien ha sido blanco de críticas públicas por parte de Donald Trump.
Durante la presentación, Bad Bunny entregó una estatuilla del Grammy a un niño, un gesto que rápidamente se volvió viral. En redes sociales, miles de usuarios afirmaron que el menor era Liam Conejo, el niño de cinco años detenido recientemente por ICE en Minnesota, cuyo caso ha generado indignación nacional.
Sin embargo, fuentes del distrito escolar confirmaron que el niño es el actor Lincoln Fox, descartando cualquier vínculo con el caso de Liam.
Aunque la información fue aclarada, el episodio subraya cómo las políticas migratorias y los casos de detención infantil en Minnesota están presentes en la conversación pública internacional, incluso en escenarios de entretenimiento masivo como el Super Bowl.
