Hubo 415 muertes de inmigrantes a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México el año pasado, según la Organización Internacional de las Naciones Unidas para las Migraciones. 

El año fiscal pasado, la Patrulla Fronteriza contó 294 muertes a lo largo de la frontera suroeste. De ellos, 104 ocurrieron en el sector del Valle del Río Grande, que incluye el Condado de Brooks. Muchos más inmigrantes  siguen desaparecidos- dicen los informes.  Este año hubo cientos de muertos más sin poder esclarecer la razón de su muerte. 

Históricamente, los restos encontrados a lo largo de la frontera fueron recolectados por la policía y de no ser reclamados fueron almacenados o enterrados en tumbas sin marcas. En 2003, Lori Baker, antropóloga de la Universidad de Baylor en Waco, Texas, comenzó a recolectar muestras de ADN de restos y cuerpos exhumados en el sur de Texas para intentar identificarlos. Su grupo, el Proyecto Reuniting Families  ha trabajado en 560 casos  identificando alrededor del 40 por ciento de ellos.

 Los esqueletos se guardan en un cobertizo junto al estacionamiento en la Oficina del Sheriff del Condado de Brooks en grandes bolsas negras o bolsas de papel marrón  según el número de huesos recuperados. 

A veces los oficiales traen un cráneo, una columna vertebral y los  huesos de un brazo. 

Almacenar los restos, a menudo los restos de inmigrantes desaparecidos, es una cosa. Por otra parte, identificarlos es otro desafío complejo.

En Texas, los restos de investigación encontrados a lo largo de la frontera recaen en los gobiernos de los condados con fondos insuficientes y con poca capacitación. Un nuevo proyecto de ley respaldado por los congresistas de Texas podría infundir el esfuerzo con fondos federales y conducir a muchos más restos de esqueletos identificados.

Mientras los inmigrantes continúen cruzando la frontera en busca de una vida mejor, desafortunadamente, seguirán abrumados por el vasto e implacable terreno y el sol de Texas, dijo. Descubrir a quién pertenecían los restos es crucial.