Un número sin precedentes de familias migrantes ha estado llegando a la frontera sur de Estados Unidos en el último año, lo que ha agotado los recursos del gobierno y ha dado como resultado centros de detención con un alto número de personas. Del pasado octubre a finales de junio, la Patrulla Fronteriza arrestó a más de 688.000 migrantes, de los cuales más de la mitad eran familias y menores de edad no acompañados.

Aunque gente de todo el mundo ingresa a Estados Unidos por la frontera con México, la mayoría provenía de Guatemala, Honduras y El Salvador, países centroamericanos donde la violencia y pobreza han castigado muchas vidas.

En El Salvador, por ejemplo, hay casi 83 homicidios por cada 100.000 personas en un país de más de 6,4 millones de habitantes.

En Guatemala, casi el 60% de la población vive por debajo del nivel de pobreza, las instituciones públicas son débiles y están infestadas de corrupción, convirtiendo a muchas jurisdicciones en prácticamente pueblos sin ley. En Honduras, casi el 65% de la población vive por debajo del nivel de pobreza.

Desde el 2016, el Congreso de Estados Unidos ha asignado más de 2.600 millones de dólares en ayuda extranjera a países centroamericanos, con la esperanza de que los fondos reduzcan la violencia y pobreza, y frenen la migración hacia el norte.

Pero el presidente Donald Trump anunció este año que iba a recortar estos fondos en represalia por el gran número de migrantes que llegan a Estados Unidos de esos países.