De acuerdo a declaraciones de conocidos de Gregory Ulrich, autor del atentado contra una clínica en Buffalo, la molestia de éste se dio a partir de que los doctores se negaron a seguirle recetando analgésicos a base de opiáceas. Señalan que luego de una cirugía de espalda, el presunto asesino se quejaba de dolores y empezó a tomar medicamentes que conseguía por su cuenta. Los doctores señalan que frecuentemente son amenazados por sus pacientes en situaciones como esta, y que temen que se repitan incidentes similares.