Donald Trump vislumbra ya el resultado de las elecciones presidenciales del 3 de noviembre camino del Tribunal Supremo. El presidente de Estados Unidos lleva semanas sembrando dudas sobre la fiabilidad del sistema y sobre el voto por correo, que se prevé masivo por la pandemia. Este miércoles por la tarde fue más allá, al no querer comprometerse a una transición pacífica. En una rueda de prensa desde la Casa Blanca, el republicano fue preguntado directamente al respecto, en dos ocasiones por un periodista, y en ambas respondió con evasivas. “Veremos qué pasa, sabe que me he quejado mucho de las papeletas por correo, es un completo desastre”, dijo, alimentando las dudas.

El mandatario echa gasolina en unos Estados Unidos convertidos en un polvorín social, en medio de una grave crisis sanitaria y económica, y tras un verano de protestas raciales y disturbios que han causado fallecidos en ciudades como Portland (Oregón) o Kenosha (Wisconsin), entre otras. Esta noche, en Louisville (Kentucky), dos policías resultaron heridos de bala en las manifestaciones tras la decisión de un gran jurado de exonerar a los tres agentes que entraron una noche en la casa de la afroamericana Breonna Taylor con una orden de registro y la abatieron.